| Te dibujo un corazón. |
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Sé hacer los mismos dibujos que cuando tenía 6 años. A esa edad no me preocupaba. Dibujaba igual a todos los chicos de mi edad. Consideraba que con un poco de práctica y quizás sin que eso hiciera falta, mi técnica mejoraría y sería un buen dibujante o, al menos, un dibujante promedio. Esperaba que mis dibujos mejoraran en forma acorde a mi edad. A los 10 me empecé a inquietar. A los 12, estaba preocupado. De un día para el otro Bruno, que dibujaba los mismos palitos inexpresivos que yo, pasó a dibujar las naves de Robotech. Maxi, a los 12 años, ya dibujaba como un profesional. Los Pitufos eran su especialidad. Yo todavía no había pegado el estirón y, si bien sabía que era un argumento muy débil, depositaba mi última esperanza en que hubiera un extraño vínculo entre crecer y saber dibujar. Pero dibujar, descubrí muy pronto, no es igual a que te crezca la barba. No es algo que sucede. Hubo una época donde hice todo lo posible por dibujar bien. Me esforzaba. Miraba a mis compañeros e intentaba imitar sus trazos. Hacía todo igual que ellos. La única diferencia es que mis dibujos quedaban horribles. Pasé entonces al otro extremo: la indiferencia. Durante ese período, hacía de cuenta que dibujar bien no me importaba. Mi estrategia era la simpleza. Para hacer una cara, me alcanzaba con 3 trazos. El resultado final, debo reconocerlo, no parecía una cara. Era el tipo de dibujos que no se podían dejar solos. Necesitaban que su autor estuviera al lado de ellos para explicar un poco de qué se trataba. - ¿Y esto qué es? ?me preguntó la maestra de dibujo. - Una cara ?le contesté. - ¿Una cara? Entonces te falta dibujar casi todo. - Sí, sí, estoy pensando. - No pienses tanto que va a terminar la hora. No todo fue padecimiento. También tuve falsas alarmas en mi vida. Momentos en los que creí que lo había logrado. La primera vez fue cuando nos dieron como tarea calcar un dibujo. El resultado fue asombroso. Me quedaron perfectos. Al otro día descubrí el motivo, ¡a todo el mundo le había quedado perfecto! ¡Calcar es lo más fácil que hay! En cuarto grado nos enseñaron a hacer corchetes. Por fin había algo que me salía bien. El trazo fluía, la forma quedaba perfecta. Mantengo esta cualidad hasta el día de hoy. Es increíble lo bien que me salen los corchetes. Todo quedó en ese hecho aislado. Esta capacidad no se trasladó al dibujo ni al resto de mi caligrafía. Lamento hasta el día de hoy, eso sí, que el corchete se utilice tan poco en la lengua castellana. Lo mismo que me pasó con el dibujo me sucede con las letras. La única diferencia entre mi cuaderno de primer grado y este en el que escribo ahora es que en uno dice ?mi mamá me ama? y en el otro ?ser padre hoy?. Pero mi cursiva es la misma. Desde hace unos años, para disimular el defecto, escribo sólo con mayúsculas. Pero con el dibujo no tengo escapatoria. ¿Cuál sería la alternativa a ?papá, dibujame un avión?? Supongo que Luana podrá aceptar que su padre no sepa dibujar. Es a mí a quien le cuesta admitirlo. Cuando era chico veía en la revista Patoruzú unos cursos de 3 meses para ser dibujante profesional. Que durara sólo 3 meses, que fuera por correspondencia y que estuviera al lado de los cursos de hipnosis y de cómo ser detective me hacía dudar sobre cuán serios podían ser. Pero no me importaba. Yo estaba desesperado. El único motivo por el que me abstenía de mandar el cupón era porque había que ser mayor de 18 años. Completaba todo con mis datos y guardaba las revistas. Lo primero que haría el día que cumpliera 18 era ir al Correo. A partir de ese día iba a aprender a dibujar. Al año siguiente empecé el secundario. Mis compañeros temían llevarse a marzo materias como química o matemáticas. Yo le tenía terror a dibujo y a actividades prácticas. Muy pronto cambiaron mis preocupaciones y el tiempo se ocupó de hacerme olvidar estos temas de niños. Una vez que aprobé dibujo en 5º año ya no tenía que demostrarle a nadie que sabía dibujar. Desde hace un par de semanas, volvieron los temores de la infancia. ¿Qué voy a hacer el día que Luana quiera dibujos nuevos? Practico trenes, aviones, figuras humanas. Nada cambió. Sigo dibujando igual de mal que siempre. Pero esta vez, encontré la solución: internet. Estoy buscando Patoruzú viejas en Mercado Libre. No me queda alternativa. Voy a tener que hacer ese curso de dibujo que vengo posponiendo desde hace más de 20 años. Leer más en: http://algundiatodoestoseratuyo.blogspot.com/2007/04/te-dibujo-un-corazn.html. |
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